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Valverde de la Vera

Además de Cuacos de Yuste y Garganta La Olla, el último pueblo que visitamos en la región fue Valverde de la Vera. En este pequeño pueblo viven menos de 600 habitantes y es una buena muestra del típico pueblecito de la región, con su plaza y su fuente de cuatro chorros (omnipresente en todos los pueblos), y sus balcones de madera. Este quizá es uno de los pueblos más conocidos de la zona y de Extremadura en general, al celebrarse en Semana Santa la celebración conocida como “Los Empalaos“, que siempre sale en los telediarios.

Lo más bonito del pueblo es el conjunto visual que ofrecen sus balcones de madera y la tranquilidad que se respira en sus calles; caminar y perderse por esas callejuelas de piedra donde asoman árboles y plantas a cada paso y se producen esas mezclas de colores es una experiencia de lo más relajante. Realmente el tiempo parece fluir a otro ritmo aquí, alejado del estrés de la vida en las grandes ciudades. Subiendo por las callejuelas se puede llegar a los restos del castillo de los Condes de Nieva, del que queda más bien poco y que se remonta a los siglos XIII-XIV. Aunque el castillo se encuentre en ruinas y solo quede visible parte de una torre, merece la pena subir hasta aquí para ver los tejados del pueblo y las vistas de la región de La Vera.

De regreso del castillo nos paramos en el mesón de la foto que sale a continuación, donde pudimos merendar unos riquísimos buñuelos con miel acompañados de un chocolate caliente, que compensó el fresco y la lluvia que hacía en la calle y nos permitió reponer fuerzas antes de volver a Alcalá. Valverde de la Vera es un pueblo pequeño pero pintoresco, que bien merece la pena dedicarle un par de horas para pasear y tomar algo, como parte de una ruta más larga para conocer la región.

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Iglesia de Santa María Novella

Nada más llegar a Florencia a la estación de tren de Santa María Novella, de los primeros edificios que uno puede encontrarse que destaque sobre los demás, si no el primero, es la iglesia de Santa María Novella. Este templo cristiano se construyó en el siglo XI, sobre un antiguo oratorio. La iglesia que se construyó en este lugar fue ampliada posteriormente, terminando las obras principales dos siglos después.

Pero la cara que ofrece a la estación de tren no es lo más interesante, sin duda alguna; no es una mala vista, pero no es la más impresionante. Lo que más me llamó la atención, a medida que pasábamos por la calle adyacente, eran los laterales de la iglesia, en mármol y mostrando una sucesión de arcos. Teniendo en cuenta la pared de ladrillos que había visto desde la estación de tren, realmente no me esperaba esa decoración en un lateral.

Pero lo mejor se encuentra al llegar a la plaza, cuando uno ve cómo asoma una bonita fachada de mármol, principalmente blanco y verde, muy bien cuidada. Su construcción finalizó en el siglo XV, y es una buena muestra del estilo renacentista del que está impregnado toda la ciudad. Lamentablemente y como ya os comenté en la entrada anterior de Florencia, teníamos muy poco tiempo y no nos paramos mucho. Fue una pena no entrar, porque por las fotos que he visto parece que el interior merece bastante la pena también. Igual para otra visita a Florencia, en un futuro…

Cuacos de Yuste: monasterio y cementerio alemán

Cuacos de Yuste es una pequeña población de La Vera, donde viven menos de 1000 habitantes. Es un tranquilo pueblo que tiene cierta fama porque en sus inmediaciones se encuentra el Monasterio de Yuste, lugar de reposo y fallecimiento del emperador Carlos I de España y V de Alemania. Dado su enclave, Cuacos de Yuste fue el lugar elegido para descansar de la anterior visita a Trujillo y reponer fuerzas para la ruta por La Vera, de la que ya os avancé un poco en la entrada de Garganta la Olla. Por la noche disfrutamos de un pequeño paseo por las callejuelas del pueblo, que guardan bastante encanto.

En la carretera que va de Cuacos a Garganta la Olla se encuentra el Monasterio de Yuste. Este data de principios del siglo XV, y acogió posteriormente a la orden de San Jerónimo, de naturaleza contemplativa. Dos años antes de morir, Carlos I decide abdicar y llevar una vida monástica en este lugar, que tuvo que realizar reformas para acogerle a él y a la corte que traía. Siglos después, el monasterio sufrió daños provocados por un incendio durante la Guerra de la Independencia y por el abandono causado por la desamortización de Mendizábal. No fue hasta hace poco (1949) que comenzó su restauración y posteriormente su declaración como Patrimonio Nacional.

Capilla del monasterio

Entrada a la residencia de Carlos I

Personalmente, encontré la visita decepcionante. Igual tuvo que ver el precio, que considero bastante caro para lo que ofrece (9 euros) o el mal tiempo que había, pero no me resultó una visita especialmente llamativa. Y más por 9€… No recuerdo si dejaban hacer fotos o no en el interior, pero si no tengo ninguna y dejaban, es que tampoco me pareció interesante. El edificio está en buenas condiciones, se nota que ha sido restaurado hace muy poco, pero no encontré nada especialmente destacable, es muy austero. Lo mejor sin duda son las vistas de La Vera desde aquí, y aunque no fue nuestro caso, la posibilidad de llegar al monasterio realizando una ruta senderista desde Cuacos o Garganta la Olla, que visto los paisajes desde luego puede merecer la pena.

Desde el pórtico de la entrada

Vistas desde el monasterio

También en las cercanías está otro punto de interés de esta región: el cementerio alemán. Este cementerio se inaugura en 1983 con la intención de recoger todos los restos de soldados alemanes muertos en territorio español durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial en un único sitio. De este sitio destacan todas las cruces iguales en el suelo, granito sobre verde, siendo llamativo por lo inusual de un cementerio de estas características en España. La entrada es gratuita y no creo que os encontréis con mucha gente, ya que no está muy anunciado.

La catedral de Oporto

La catedral de Oporto (Sé do Porto) está situada en el centro de la ciudad, junto a la parada de metro de São Bento. Su construcción comenzó a principios del siglo XII y se prolongó durante otros cien años. Como es habitual, ha sufrido diversas transformaciones a lo largo de la historia, y así el estilo románico original ha dado paso al barroco en la portada, modificada a finales del siglo XVIII, al igual que las torres. El altar mayor también data de esta época.

La catedral fue de las primeras cosas que vi en Oporto, ya que se encuentra en una ubicación privilegiada. Como comentaba en una entrada anterior, un buen punto de partida para dar una vuelta por la ciudad es la mencionada estación de metro de São Bento, que se encuentra a escasos metros de la catedral. Objetivamente hablando no me pareció gran cosa, sobre todo teniendo tan reciente la visita a la mezquita de Córdoba o a la catedral de Burgos, que son palabras mayores en lo que respecta a construcciones similares.

La ventaja es que la visita a la catedral de Oporto es gratuita (al menos casi toda la visita), y está permitido sacar fotos. Sin embargo el interior tampoco destaca especialmente, no es una catedral muy grande y no tiene de elementos que llamen poderosamente la atención. Por lo único que hay que pagar es para entrar al claustro, entrada que con carné de estudiante cuesta 2€, mientras que la normal es un euro más cara. El claustro, construido entre los siglos XIV y XV, sí que muestra algunos detalles más interesantes, como los mosaicos de azulejos que detallan diversos pasajes religiosos. Con la compra de la entrada se puede acceder al claustro y a algunas habitaciones interiores, con alguna pequeña exposición de piezas religiosas y algunas otras que tienen las paredes pintadas en una bonita decoración.

En general, la catedral de Oporto se muestra como una construcción bastante normal y con escasos detalles que puedan llamar la atención o que la hagan sobresalir especialmente, salvo la decoración del claustro o algunas algunas de las pinturas, que sí que aportaban algo destacable al conjunto. Sin ir más lejos, creo que la catedral de Évora es más bonita e interesante que esta. Eso sí, además de que es mayormente gratis, hay que tener en cuenta también que un punto a su favor es el mirador que se encuentra en su entrada, desde donde se pueden obtener unas vistas fabulosas al barrio de la Ribeira. Esto posiblemente sea lo más interesante de la visita.

Queso Castelo Branco

Vamos con el primer queso portugués para la sección de Quesos del Mundo, en este caso se trata del queso Castelo Branco, llamado así por producirse en el distrito de mismo nombre. Este queso es Denominación de Origen Protegida.

El queso de Castelo Branco se produce con leche de oveja y se deja madurar un mínimo de 40 días. Al final se tiene un queso con una pasta blanco-amarillenta con algunos orificios pequeños. Para cuajar el queso se utiliza un caldo obtenido a partir del cardo, algo que también se realiza con otros quesos españoles como la Torta de la Serena o la Torta del Casar.

Y la verdad es que estos quesos tienen un gran parecido, no únicamente por utilizar cardo para cuajar la leche. El Castelo Branco se parece a los dos quesos españoles en su forma y en su sabor, quizá algo más a la Torta de la Serena, al menos el que he probado. Es suave aunque se nota que tiene un sabor propio, y aunque lo he comido de la forma que veis en la foto, estoy convencido que sacándolo un par de horas antes se le puede quitar la corteza de la parte superior y untarlo en pan directamente, al igual que con las tortas. Si os gustan estas, especialmente la de la Serena, creo que disfrutaréis del Castelo Branco. Yo por lo menos voy a disfrutar bastante.

Florencia

Como parte de mi breve visita a Pisa en mayo, un día nos acercamos a visitar Florencia. Y es que estando tan cerca, ¡cómo no aprovechar la oportunidad de pasar el día en una de las ciudades más míticas de Europa! De hecho iba a dedicarle solo esta entrada, pero repasando las fotos creo que sería un auténtico crimen intentar condensar todo en una entrada, así que como es habitual, dedicaré más a otros sitios concretos de la ciudad, como la catedral o el Palazzo Vecchio.

Florencia se sitúa en la región de la Toscana, a apenas 1 hora en tren de Pisa, y cuenta con unos 370000 habitantes, aunque su área metropolitana congrega a millón y medio de personas. Fue uno de los centros culturales, comerciales y financieros más importantes de la Edad Media, y se dice que es la cuna del Renacimiento. Sería imposible abarcar toda la apasionante historia de esta ciudad aquí, así que no comentaré mucho más, os emplazo a leer las fuentes correspondientes.

Llegamos en tren por la mañana a la estación de Santa Maria Novella, bajo un sol de justicia. La primera idea era obvia: visitar la catedral de Santa Maria del Fiore, así que hacia allí nos dirigimos, encontrándonos por el camino con otros interesantes edificios, como la iglesia que dio nombre a la estación, Santa María Novella. Llegar desde esta estación hasta la Piazza del Duomo es muy sencillo: de la estación se va a la iglesia, que da a la misma plaza de la estación, y en la plaza de la iglesia se toma la vía dei Branchi, todo recto, y desemboca a la catedral. La fachada que sale en la siguiente foto de la iglesia no es la que da a la estación, ojo.

Iglesia de Santa Maria Novella

Y al llegar a la catedral es la marabunta. Gente por todas partes, cada rincón de la Piazza del Duomo está ocupado por alguien, lo que llega a ser algo agobiante. Eso sí, a pesar de todo la vista de la fachada principal de la catedral es impresionante, y bien merece una visita a la ciudad. Impresiona su altura, el detalle de la decoración, el campanario, el baptisterio, la enorme cúpula de la catedral… Apabullante. Si conseguís haceros un hueco, no os cansaréis de sacar fotografías o simplemente admirar el espectáculo de esta construcción.

Baptisterio, catedral y cúpula en la Piazza del Duomo

Catedral de Santa Maria del Fiore

Edificio en la Piazza del Duomo

Si desde la Piazza del Duomo se toma la Vía del Calzaiouli, se llega directamente hasta la Pizza della Signoria, donde se encuentra el Palazzo Vecchio. Este es bastante sobrio por fuera, aunque no quita que sea también bastante imponente, y además guarda algunos detalles bastante bonitos por dentro, como su recibidor. Por no hablar de las esculturas. Dejando el Palazzo a la espalda y el pequeño soportal de esculturas a mano derecha, se sigue por una calle que luego desemboca a la Vía por Santa María, que lleva a su vez al Ponte Vecchio. Pero si en vez de seguir por ahí llegaís hasta la fachada del Palazzo y giráis a la derecha, entraréis en la Piazzale degli Uffizi, donde se encuentra una galería de estatuas y el Palacio de los Uffizi, actual museo.

Callejeando por el casco histórico de Florencia: gente, gente por todas partes…

Esculturas en la Piazza della Signoria

Palazzo Vecchio

Ponte Vecchio

Con esto, un alto para comer en uno de los múltiples puestos que hay por el casco antiguo de la ciudad y un paseo por sus callejuelas, disfrutando de un buen gelato, se terminó la visita relámpago a Florencia. Apenas estuvimos unas 6 horas, por lo que no pudimos entrar a museos o incluso a la catedral o iglesias, lo que requeriría por lo menos 2 días. Esto no fue más que un recorrido express por la ciudad, pero bueno, igual para una futura visita…

Callejuelas más tranquilas de Florencia…

…y otras más llenas de gente

Rincón tranquilo en Florencia

Un paseo por Oporto

Durante el primer fin de semana aquí, aproveché para salir por la ciudad para ir conociéndola un poco. Fui hasta el centro comercial Dolce Vita, donde hay un Continente (qué recuerdos…), ya que quería tenerlo localizado y conocer un sitio grande donde poder hacer la compra con un poco de variedad. Es un paseo considerable y cuesta arriba, pero al final me acerqué dando un paseo por la mañana desde donde tengo el apartamento, previo desayuno de café más bollo por 1.20€ en una cafetería que me pillaba de camino. El centro comercial está justo al lado del Estádio do Dragão, donde juega el equipo de fútbol más importante de la ciudad, el Porto F.C. El centro comercial por otra parte es bastante nuevo y tiene una gran fuente en el centro, aparte de un suelo cristalino (aunque opaco) que no me gustó nada atravesar… Un centro comercial muy nuevo al lado de un estadio también en gran estado, a unos 200 metros de casas que se caen a trozos. Contrastes de Oporto.

Estado do Dragão

En el centro comercial

Aparte de la expedición para saber dónde comprar, el centro fue la zona que más recorrí. El mejor punto para empezar en el centro es la parada de metro de São Bento. Está justo al lado de la catedral, la estación de tren de mismo nombre, el puente de Luís I a un paso, y la Ribeira al lado también. De la catedral ya os hablaré en otra entrada futura, puesto que también la vi el fin de semana y tengo fotos para dedicarle un post entero, pero quería compartir alguna foto de la estación de Såo Bento, que tiene en su recibidor grandes murales hechos con azulejos. Bien merece una visita.

Edificios por la zona de São Bento, al lado de la catedral

Desde el mirador de la catedral

Estación de São Bento

Dibujos con azulejos en el interior de la estación

De la catedral ya me dirigí hacia la Ribeira, la zona más conocida de Oporto, situada como su nombre indica a la orilla del río, el Duero. Toda la zona está llena de bares, cafeterías y restaurantes, y aquí los precios son considerablemente más altos que en otras zonas de la ciudad. Se nota que es una zona turística, aunque a pesar de todo merece la pena tomarse algo por aquí, al menos de vez en cuando. De camino a la Ribeira uno se puede encontrar también con el Palacio da Bolsa, que me han recomendado ver por dentro (cosa que haré próximamente), y la iglesia de San Francisco (Igreja de São Francisco), que también vi el fin de semana. De esta no tengo fotos, ya que no se podían sacar dentro, pero es una visita recomendable (la entrada son 3€), especialmente si tenéis interés en visitar sus catacumbas. El interior de esta iglesia es mucho más llamativo que el de la catedral, es de estilo barroco y es impresionante cómo tienen recargados todos los rincones.

Palacio de la Bolsa y la iglesia de San Francisco

Y eso es todo por hoy, ¡dentro de poco más!