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Perth, Escocia

Comienza por fin la serie de entradas sobre la pequeña ruta por Escocia que pude disfrutar el verano pasado. Fui a finales de junio, en un vuelo Madrid-Edimburgo. Nada más llegar al aeropuerto de la capital escocesa me subí a un autobús con el objetivo de llegar a la estación de tren de Waverley. Y es que Edimburgo sería la última ciudad que visitaría, porque mi idea, tal y como hice en el planning, era encaminarme al norte, hacia las Highlands. Y así, ya desde que aterricé y con el objetivo de ganar unos kilómetros, marché hacia Perth.

Vistas desde el tren camino de Perth

Perth se encuentra en un punto central en Escocia, ligeramente tendiendo al este y aproximadamente a una hora en tren desde Edimburgo. Es una ciudad de poco más de 40000 habitantes, y es conocida porque se encuentra al lado de Scone, el lugar donde se encontraba la Piedra del Destino y se coronaba a los reyes escoceses. El mayor auge de esta ciudad tuvo lugar durante la Alta Edad Media, durante la cual se consideraba la capital de facto del país. Esto fue así hasta el siglo XV, cuando el rey Jaime I de Escocia fue asesinado por un grupo de rebeldes mientras descansaba por la noche en la abadía de los dominicos, a las afueras de la ciudad. Después de esto, se decidió trasladar la corte a Edimburgo.

Hoy día la ciudad ya no tiene un peso tan importante, y no se encuentra entre las diez ciudades más habitadas del país. Sin embargo y como está en una ubicación bastante céntrica es un buen nudo ferroviario. Por ese mismo motivo a mi me venía de perlas para enlazar al día siguiente con otro tren para subir hasta Inverness, la capital de las Highlands, y tenía una mañana para aprovechar y ver lo que pudiera de Perth.

Pero una mañana es poco tiempo. Y no porque Perth realmente requiera mucho más, pero sí que me hubiera gustado acercarme hasta Scone, uno de los puntos históricos más importantes de Escocia. Sin embargo son unos 3 kilómetros hasta llegar a la villa (que no al palacio), y luego había que volver; mi tiempo era limitado y el que hacía esa mañana era frío y lluvioso, así que no era el más indicado para caminatas por el campo para ir de una ciudad a otra.

Pregunté en el B&B por la mejor opción para el rato que disponía, y me aconsejaron un paseo por la orilla del río. Y no fue una mala recomendación en absoluto, ya que hay un gran parque al lado, y allí ya pude empaparme de todo el verde escocés, de estar rodeado de árboles, césped, jardines y agua; porque también me empapé por la lluvia, claro está. Muy escocesa también. Siguiendo el paseo del río se llega a los puentes que conectan el centro de Perth con la zona de Bridgend (nombre original donde los haya), y también a algunas de las arterias principales de la ciudad, que tomé para visitar el centro.

Un rincón de Perth, junto al río

Grandes explanadas de verde

Uno de los puentes de la ciudad

Casas al otro lado del río

… y más verde

Gran parte de los edificios o puntos históricos ya no están en pie, y a pesar de que tiene un centro histórico muy británico y es agradable pasear por sus calles, en lo que a mi respecta no me pareció que destacase especialmente. Hay varios comercios, alguna que otra iglesia con sus torres puntiagudas y algún edificio aislado que sí da esa impresión de viejo, de salido de la Edad Media, que era lo que me hubiera gustado ver, pero poco más.

En vista del mal tiempo que estaba haciendo y que la ciudad tenía poco más que ofrecer, me encaminé al Museo Militar dedicado a la Black Watch, también conocida como el Regimiento Real de las Tierras Altas. Es un museo interesante con bastante información sobre este destacamento militar con gran tradición, y una buena opción para un día lluvioso como el que estaba haciendo. Y además suena muy parecido a la Night’s Watch, lo que es un plus…

St. Matthews’s Church of Scotland

St. John’s Kirk

Una calle del centro, al lado de St. John’s Kirk

Fair Maid’s House, el edificio civil más antiguo de Perth (1475)

Callejeando por Perth

Como el Museo Militar me pillaba al lado del B&B, volví para recoger la maleta y encaminarme a la estación de tren. Y como estaba cayendo un aguacero muy majo, la dueña del B&B se ofreció a llevarme en su coche a la estación, todo un detallazo. El B&B estaba además francamente bien y a un precio muy razonable, y desde luego, la atención fue inmejorable, aparte del detalle de acercarme a la estación.

Tras pagar el billete de tren para Inverness, me preparé para unas 2 horas y algo de viaje que me llevaría hasta la capital de las Highlands, de la que os hablaré en la siguiente entrada.

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