españa

Córdoba

Este año he podido saldar al fin una de mis deudas pendientes con Andalucía: Córdoba, una de las ciudades más importantes de la historia de España y en general, del mundo, especialmente durante la época de dominio árabe de la península. Otra de mis grandes deudas es con Granada, deuda que espero saldar durante 2013 con un poco de suerte.

La fundación de Córdoba se remonta al Imperio Romano (aunque existían asentamientos previos), siendo la capital de la Baetica y época durante la cual se considera que nació Séneca; posteriormente fue conquistada por los árabes, surgiendo el Emirato de Córdoba, que degeneró luego en el Califato de Córdoba, y en la que la población llegó a alcanzar entre 400 mil habitantes o incluso un millón, según las fuentes. Lo que sí parece claro es que durante el siglo X, Córdoba era una de las ciudades más grandes e importantes del mundo, siendo un centro cultural y religioso importantísimo. En el siglo XIII fue reconquistada por Fernando III, y se siguieron acometiendo más construcciones y reformas, como la del Alcázar, que sirvió de corte y centro de operaciones de los Reyes Católicos durante la reconquista de Granada.

Puente romano sobre el Guadalquivir

Muralla en el casco antiguo

Descansando

Las paredes hablan

Una ciudad con peso en la historia, vaya. Una ciudad imprescindible, Patrimonio de la Humanidad, y que debería estar en cualquier visita planificada por el centro-sur de España. Yo acudí en agosto, como un valiente. Fui desde Badajoz, así que el calor no me asustaba (tanto); realmente no me gusta pasar calor, pero estoy acostumbrado de alguna manera después de 25 años viviendo en un horno. Córdoba en esa época es como estar en una sartén al fuego, como os podéis imaginar, aunque tuve una suerte relativa y no hizo tanto calor como era de esperar por la época. Pero era visitarla en ese momento o ya tendría que esperar al 2013.

El hostal lo tenía a pie de mezquita. Una ubicación inmejorable en relación al centro y a un precio fantástico, 40€ la noche para un cuarto completo, en muy buenas condiciones y cuya ventana daba a un pequeño patio con plantas. Buen punto de partida para iniciar las rutas por la ciudad, ya que era salir por la puerta y darme de bruces con el muro de la mezquita. Literalmente.

El parquecillo de la mezquita

Y el maravilloso interior, con sus arcos y columnas

Jardines del Alcázar

Las caballerizas

Lo primero que se me viene a la mente al recordar Córdoba (aparte de la mezquita) son las callejuelas, esas calles blancas salpicadas de tiendas y macetas, el goteo incesante de turistas, especialmente alrededor de la mezquita, y de las vendedoras de romero. El único momento de tranquilidad es a las 9 de la mañana, cuando parece que la ciudad se está despertando todavía. La recuerdo también como una ciudad deslumbrante bajo el sol, llena de luz pero también de rincones más tranquilos y frescos bajo las sombras de los árboles, el zoco o entre sus callejones.

Lo mejor de Córdoba es pasear por su extenso casco histórico. Recorrer sus callejuelas y descubrir los patios andaluces, dando la impresión de que uno está en un pueblo, solo que muy grande; encontrarse con la sinagoga o la casa andalusí, parar un rato en uno de los innumerables bares de tapas, y descubrir rincones especiales, como la calleja de las Flores, desde donde se obtiene una vista fantástica de la torre de entrada de la mezquita. Si os dejan los turistas claro, yo tuve esa gran suerte de disfrutar de la callejuela y su pequeña plaza durante unos segundos para mi solo. Todo un lujo.

Paseando…

Personas descansando un rato en la sinagoga…

…y otras obteniendo un recuerdo en el zoco

Calleja de las Flores

Pero luego no hay que olvidar las grandes atracciones: la mezquita, el alcázar o los baños califales, son unas visitas muy gratificantes y disfrutables, especialmente las dos primeras, lugares a los que dedicaré su correspondiente entrada. Y qué decir de su gastronomía. Se come de lujo, ya sea de raciones en un bar, atacando un gigantesco flamenquín o degustando comidas de las distintas culturas que convivieron allí. Córdoba en definitiva, es una ciudad que me ha encantado, y que desde luego recomiendo a todo el mundo. Yo no sé cómo he tardado tanto en ir…, pero desde luego es un lugar al que no me importaría volver.

Anuncios

Valverde de la Vera

Además de Cuacos de Yuste y Garganta La Olla, el último pueblo que visitamos en la región fue Valverde de la Vera. En este pequeño pueblo viven menos de 600 habitantes y es una buena muestra del típico pueblecito de la región, con su plaza y su fuente de cuatro chorros (omnipresente en todos los pueblos), y sus balcones de madera. Este quizá es uno de los pueblos más conocidos de la zona y de Extremadura en general, al celebrarse en Semana Santa la celebración conocida como “Los Empalaos“, que siempre sale en los telediarios.

Lo más bonito del pueblo es el conjunto visual que ofrecen sus balcones de madera y la tranquilidad que se respira en sus calles; caminar y perderse por esas callejuelas de piedra donde asoman árboles y plantas a cada paso y se producen esas mezclas de colores es una experiencia de lo más relajante. Realmente el tiempo parece fluir a otro ritmo aquí, alejado del estrés de la vida en las grandes ciudades. Subiendo por las callejuelas se puede llegar a los restos del castillo de los Condes de Nieva, del que queda más bien poco y que se remonta a los siglos XIII-XIV. Aunque el castillo se encuentre en ruinas y solo quede visible parte de una torre, merece la pena subir hasta aquí para ver los tejados del pueblo y las vistas de la región de La Vera.

De regreso del castillo nos paramos en el mesón de la foto que sale a continuación, donde pudimos merendar unos riquísimos buñuelos con miel acompañados de un chocolate caliente, que compensó el fresco y la lluvia que hacía en la calle y nos permitió reponer fuerzas antes de volver a Alcalá. Valverde de la Vera es un pueblo pequeño pero pintoresco, que bien merece la pena dedicarle un par de horas para pasear y tomar algo, como parte de una ruta más larga para conocer la región.


Cuacos de Yuste: monasterio y cementerio alemán

Cuacos de Yuste es una pequeña población de La Vera, donde viven menos de 1000 habitantes. Es un tranquilo pueblo que tiene cierta fama porque en sus inmediaciones se encuentra el Monasterio de Yuste, lugar de reposo y fallecimiento del emperador Carlos I de España y V de Alemania. Dado su enclave, Cuacos de Yuste fue el lugar elegido para descansar de la anterior visita a Trujillo y reponer fuerzas para la ruta por La Vera, de la que ya os avancé un poco en la entrada de Garganta la Olla. Por la noche disfrutamos de un pequeño paseo por las callejuelas del pueblo, que guardan bastante encanto.

En la carretera que va de Cuacos a Garganta la Olla se encuentra el Monasterio de Yuste. Este data de principios del siglo XV, y acogió posteriormente a la orden de San Jerónimo, de naturaleza contemplativa. Dos años antes de morir, Carlos I decide abdicar y llevar una vida monástica en este lugar, que tuvo que realizar reformas para acogerle a él y a la corte que traía. Siglos después, el monasterio sufrió daños provocados por un incendio durante la Guerra de la Independencia y por el abandono causado por la desamortización de Mendizábal. No fue hasta hace poco (1949) que comenzó su restauración y posteriormente su declaración como Patrimonio Nacional.

Capilla del monasterio

Entrada a la residencia de Carlos I

Personalmente, encontré la visita decepcionante. Igual tuvo que ver el precio, que considero bastante caro para lo que ofrece (9 euros) o el mal tiempo que había, pero no me resultó una visita especialmente llamativa. Y más por 9€… No recuerdo si dejaban hacer fotos o no en el interior, pero si no tengo ninguna y dejaban, es que tampoco me pareció interesante. El edificio está en buenas condiciones, se nota que ha sido restaurado hace muy poco, pero no encontré nada especialmente destacable, es muy austero. Lo mejor sin duda son las vistas de La Vera desde aquí, y aunque no fue nuestro caso, la posibilidad de llegar al monasterio realizando una ruta senderista desde Cuacos o Garganta la Olla, que visto los paisajes desde luego puede merecer la pena.

Desde el pórtico de la entrada

Vistas desde el monasterio

También en las cercanías está otro punto de interés de esta región: el cementerio alemán. Este cementerio se inaugura en 1983 con la intención de recoger todos los restos de soldados alemanes muertos en territorio español durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial en un único sitio. De este sitio destacan todas las cruces iguales en el suelo, granito sobre verde, siendo llamativo por lo inusual de un cementerio de estas características en España. La entrada es gratuita y no creo que os encontréis con mucha gente, ya que no está muy anunciado.


Ruta por la Vera: Garganta la Olla

Además de Cáceres y Trujillo, la ruta por Extremadura la completamos visitando la comarca de la Vera, al norte de Cáceres. Está situada en la frontera con Castilla y León, separada de esta por la Sierra de Gredos, por lo que se encuentra en una región más o menos montañosa. Aunque la visitamos a principios de mayo, todavía quedaban restos de nieve en las cimas de las montañas de la zona,  y de hecho nevó a una altitud ligeramente superior a la que nosotros nos encontrábamos.

Teniendo la base de operaciones en Cuacos de Yuste, lugar conocido por ser donde el emperador Carlos I decidió pasar sus últimos días y de cuyo monasterio os hablaré en la siguiente entrada, el primer pueblo que visitamos fue Garganta la Olla. Este cuenta con poco más de 1000 habitantes y se encuentra a unos 13 kilómetros de Cuacos de Yuste, dejando a mitad de camino el monasterio. Los orígenes de los asentamientos en esta zona se remontan a los pueblos íberos, llegando a existir un par de monasterios en época visigoda, aunque ahora están derruidos y solo queda un pintoresco pueblecito en las faldas de la montaña.

Vista general de Garganta la Olla

Plaza principal del pueblo

Más casas del pueblo

Eso sí, el enclave es fantástico, ya que por esta región aparecen numerosas gargantas producidas por el río Tiétar. La que nosotros visitamos fue la Garganta Mayor, un poco antes de llegar al centro del pueblo, junto a un puente. Se puede dar un pequeño paseo por los alrededores de la garganta, y estoy seguro que posiblemente haya varias rutas que partan del pueblo para ver el resto de ellas, ya que hay varias en la zona, pero ese día teníamos que visitar muchos sitios más, así que nos contentamos con disfrutar de la parte más cercana al puente, en la que se puede ver una pequeña cascada y piedras erosionadas. A pesar de que había pasado algunas vacaciones en las Hurdes, el Jerte o el valle del Ambroz, no había estado todavía por la Vera. Posiblemente esta región cuente con menos fama que las anteriores, fundamentalmente las dos primeras, pero se puede disfrutar de buenos paisajes llenos de montes y ríos, y temperaturas muy agradables; y por supuesto, al ser una zona menos agobiada por el turismo se puede ir más tranquilo a todos sitios.

Garganta Mayor

Paisaje de la Vera

Puente viejo en las cercanías

Curiosamente, esta región de la Vera es rica en cuentos y leyendas mitológicas, entre las que destaca la de la Serrana de la Vera, una mujer que tras cancelarse su matrimonio se fue al monte a vivir y mataba a los hombres con los que se acostaba. Cuenta con su propia estatua en un mirador desde donde se aprecia todo el pueblo (la primera foto está sacada desde ahí). Si os gusta pasear por los montes y disfrutar de rutas para visitar gargantas, puentes medievales y pueblos pintorescos, es un buen destino, y además es de un acceso relativamente sencillo para lo que suelen ser este tipo de pueblos perdidos en los montes. Y además, tomar algo en una cafetería os resultará sorprendentemente barato.

La Serrana de la Vera, vigilando el pueblo


Trujillo y la Feria del Queso

Uno de los motivos para realizar la ruta por Extremadura fue visitar Trujillo aprovechando la Feria del Queso que se realiza anualmente en dicha localidad extremeña sobre el mes de mayo. Esta ciudad fue cuna de personajes históricos como Francisco Pizarro, Francisco de Orellana o Diego García de Paredes, y actualmente cuenta con una población que ronda los 10000 habitantes. Sin duda uno de los puntos que más destacan de la ciudad es su castillo, visto desde la autovía que conecta Badajoz (y Lisboa) con Madrid, pero no es el único edificio pintoresco, ya que la Plaza Mayor muestra también un conjunto de palacios medievales bastante bonitos y que bien merecen una visita si estáis por la zona.

Salimos de Cáceres por la mañana y llegamos en un rato a Trujillo, ya que solo las separan 47 kilómetros. Cuando llegamos ya tenían montados los tenderetes de la Feria del Queso en la Plaza Mayor. Este evento es uno de los más importantes del país relacionados con el queso, y había mostradores de diversas queserías provenientes de distintas partes de la península. El sistema funciona mediante tickets, se compran en casetas y se canjean en los stands por tapas de queso o vino, lo que agiliza el proceso al evitar el cambio de dinero. A pesar del mal tiempo había mucha gente, y a veces era un pelín agobiante sortear a tantas personas en los stands. La muestra de queso es abrumadora, los hay a centenares y de todos los tipos, imposible probarlos todos. Yo personalmente probé al menos una decena, descubriendo alguno que otro muy rico, y por supuesto otros más pasables, y lo mismo con los vinos. A todos los que os guste el queso, tenéis que probar un año a pasaros por esta feria y dar un paseo por Trujillo. Por supuesto, además de probarlos podéis comprarlos, y a buen precio además en algunas queserías. Por mi parte cayeron un par de quesos de untar portugueses, que estaban bien ricos. 

Llegando a la zona antigua de Trujillo (al fondo)

Feria del Queso en la Plaza Mayor

Otra vista la Plaza Mayor y la Feria del Queso

Desafortunadamente, el tiempo no acompañó en absoluto. Estuvo lloviendo intermitentemente todo el día, y de vez en cuando caía algún chaparrón más considerable, lo que hizo que no pudiéramos disfrutar del todo de un paseo tranquilo por las callejuelas de la ciudad. Aun así, nos dio tiempo a visitar la parte antigua de Trujillo, situada dentro del recinto amurallado, y llegar hasta el castillo. Ahí se puso a llover y tronar y decidimos bajar de nuevo hacia la zona de la Plaza Mayor. Debido al mal tiempo, tampoco había demasiadas ganas de patearse los barrios antiguos, ya que apetecía más irse a una cafetería y tomarse un buen café caliente para entrar en calor. A pesar de las pocas fotos que podáis ver aquí, Trujillo tiene mucho más que ofrecer, al menos para pasar una mañana paseando por sus calles y viendo el castillo, o un día si completáis la visita con la Feria del Queso. Merece mucho la pena la Plaza Mayor, detenerse un rato en las fachadas de los palacios que allí hay, y subir al castillo pasando por el antiguo barrio árabe. Quizá no tenga ningún elemento especialmente destacable, pero al igual que en otras ciudad, es el conjunto artístico que forman todas estas casas de piedra, iglesias y callejuelas lo que le confiere su encanto.

De camino a la parte intramuros de Trujillo

Parte antigua de Trujillo

El castillo

Torres en la parte árabe de la zona antigua de Trujillo

Vistas desde el castillo

A nosotros nos esperaba la comarca de La Vera, así que hacia allí nos dirigimos…


La ciudad vieja de Cáceres

Hace un par de meses emprendí con unos amigos una ruta centrada en la comarca de La Vera, aunque con alguna visita de paso a Trujillo para aprovechar la Feria del Queso, y ya que estábamos al lado, una pequeña visita a Cáceres y su ciudad vieja. El centro histórico de Cáceres fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1986 por contar con uno de los conjuntos medievales y renacentistas más completos y bien conservados del mundo. Las primeras poblaciones de Cáceres se remontan a la prehistoria, con cuevas habitadas desde hace un millón de años. Posteriormente se asentó una colonia romana en el siglo I a.C., estando situada la ciudad en las cercanías de la Vía de la Plata. Los visigodos conquistaron posteriormente la ciudad, y finalmente fue refundada por los musulmanes, hasta que fue conquistada por Alfonso IX, rey de León en 1229.

Llegamos ya de noche, con el tiempo justo para recoger las llaves del hostal, y dar un pequeño paseo por el centro y cenar algo. Tras ir en busca de un par de sitios que habíamos rastreado previamente por internet y que estaban al final llenos, volvimos sobre nuestros pasos aprovechando para dar un paseo por las callejuelas medievales iluminadas a la luz de las farolas. Y en esto que escuchamos música celta saliendo de uno de los locales… que además era restaurante, así que probamos y pudimos cenar allí algunas raciones típicas extremeñas que estaban bastante ricas, como un solomillo de cerdo regado con torta del Casar, mientras disfrutábamos de un concierto de música celta en directo. Impagable.

A la mañana siguiente nos preparamos para dar otra vuelta ya a la luz del día, momento que aproveché para tomar las fotos que acompañan a esta entrada. También tomé algunas por la noche, pero con la cámara del móvil, cuya calidad en bajas condiciones de luz deja bastante que desear, así que he preferido no subir ninguna de estas. Nuestro hostal estaba en plena Plaza Mayor, por lo que teníamos la entrada justo delante nuestra. Eso sí, tuvimos una “desagradable” sorpresa a las 8 de la mañana, cuando empezaron a montar una estructura metálica y a probar micrófonos, para comenzar a las 9 una especie de yincana dando voces a todo volumen. Después de la paliza del viaje y acostarnos tarde, fue un pequeño mazazo. Caminar por las callejuelas de la Ciudad Vieja de Cáceres fue una gozada, al menos para mi. Está muy bien conservada y uno siente enseguida la sensación de inmersión en otra época. Palacios e iglesias, casonas, los escudos en las fachadas…, todo ayuda a arropar al visitante.

Plaza Mayor de Cáceres con el acceso a la Ciudad Monumental y la Torre de Bujaco

Arco de la Estrella y Torre de Bujaco

La Plaza Mayor es un buen punto de partida para comenzar el recorrido por el casco histórico, al que se puede acceder por el Arco de la Estrella, la más conocida y principal acceso al recinto. Ya al lado de este acceso se pueden encontrar algunos elementos que forman parte de todos los recorridos, como la Torre de Bujaco, de 25 metros de altura, a la que se puede subir para contemplar la ciudad pagando una entrada. Como no teníamos mucho tiempo disponible y no teníamos ganas de gastar mucho dinero, ya que esa misma mañana partíamos para Trujillo a la Feria del Queso, lo dejamos pasar. Esta misma entrada lleva derecha a la Concatedral de Santa María de Cáceres, una sobria construcción románico-gótica, finalizada entre los siglos XV y XVI. El exterior no destaca por su decoración y al interior no accedimos, aunque cuenta retablos platerescos y un museo, que para el que tenga curiosidad igual le resulta interesante.

Concatedral de Santa María

Torre del Palacio de los Golfines de Abajo

Iglesia de San Francisco Javier

Al lado de la catedral se encuentra el Palacio de los Golfines de Abajo, alojamiento de los Reyes Católicos las veces que visitaron la ciudad, así como numerosas casas y palacios, como el Episcopal y el de Mayoralgo, la Casa de los Moraga o la de los Duques de Valencia. Todas ellas se mantienen en un gran estado y en un estilo uniforme, lo que resulta más gratificante todavía. Al final la calle que seguimos desembocaba en la Plaza de San Jorge, presidida por la Iglesia de San Francisco Javier, una iglesia jesuíta del siglo XVIII. Se llega a ella tras unas escaleras, destacando la presencia de sus dos torres sobre la plaza. Dejando a la derecha la Casa de los Becerra y subiendo por la cuesta de la Compañía, se llega a la Plaza de San Mateo, donde se encuentra la iglesia del siglo XVI dedicada al mismo santo, y donde anteriormente se ubicaba una mezquita y luego otra iglesia diferente. Comunicada con la Plaza de San Mateo se encuentra la Plaza de las Veletas, donde se encuentra el Palacio de mismo nombre, un edificio del siglo XV construido sobre las ruinas del alcázar árabe, que cuenta con un importante aljibe y en la actualidad alberga el museo de la ciudad.

El Palacio de los Golfines desde la Iglesia de San Francisco Javier

Callejuelas de la ciudad vieja de Cáceres

Iglesia de San Mateo

Aquí terminó nuestro recorrido, nos dimos la vuelta y bajamos por la muralla hasta el Arco de la Estrella para salir de nuevo a la Plaza Mayor. Nos quedamos varios palacios y casas por ver, y no entramos casi en ninguno de ellos, únicamente en el museo militar del Palacio de las Cigüeñas, porque era gratuito. No obstante, me dio tiempo a apreciar el fantástico conjunto histórico de la ciudad, y creo que al menos conseguimos completar una ruta básica en un tiempo mínimo. Creo que dedicar un día entero puede ser una buena experiencia, para visitar todos los edificios, entrar en los más significativos y comer en este entorno, ya que hay varios locales para ello dentro del propio casco histórico, aunque sin romper la armonía visual. Quizá individualmente no posea edificios llamativamente impresionantes, pero es el conjunto de todos ellos lo que le aporta ese toque especial. Esta ciudad extremeña es una visita más que recomendable, yo desde luego os animo a visitarla.

Alrededores del Palacio de las Veletas

Otro rincón de Cáceres

Volviendo al punto de partida por el Adarve de la Estrella

La Plaza Mayor desde el Arco de la Estrella


Catedral de Santa María de Toledo

Nos quedó mucho que ver por Toledo, pero otro de los sitios por el que queríamos pasar era la catedral de Santa María. Su construcción comenzó en 1226 y se terminó algo más de dos siglos después, en 1493, siendo de estilo gótico. A pesar de que su construcción comenzó en el siglo XIII, al parecer ya había un templo de la época visigoda en ese mismo lugar. Más tarde, este edificio visigodo se adaptó para convertirse en la mezquita de la ciudad, y posteriormente se construyó la catedral. De la mezquita todavía quedan restos, como algunas columnas y arcos.

Una historia que no está documentada cuenta que la conversión de mezquita a catedral se hizo “por las malas”. A priori, según el acuerdo alcanzado por el rey Alfonso VI con los habitantes musulmanes y mozárabes de la ciudad para que ésta capitulase sin derramamiento de sangre, fue que se respetarían los lugares de culto. Sin embargo y aprovechando que el rey estaba fuera, parece que el arzobispo de Toledo y la reina mandaron tropas armadas para tomar el control del recinto de la mezquita. Esto estuvo a punto de provocar una rebelión, y cuando se enteró el rey condenó a muerte a la mayoría de los implicados. Sin embargo, según parece fueron los musulmanes los que intercedieron para que el evento no fuera a mayores y aceptaron la toma de la mezquita. A finales del siglo XI comenzaron las obras para adaptar el templo al culto cristiano, pero el edificio que se conserva y se puede apreciar hoy día es el resultado de las obras comenzadas en el siglo XIII durante el reinado de Fernando III, ya que el estado de la mezquita-catedral no era muy bueno y el actual arzobispo quería una catedral al nivel de la majestuosa ciudad de Toledo.

Exterior de la catedral

Existen varias puertas de acceso, pero la más antigua es la conocida como puerta del Reloj, del siglo XIV y ricamente decorada con diversos pasajes cristianos y esculturas de reyes y santos, y que cuenta con un reloj de considerable tamaño en su fachada, que es el que le da nombre. Otra de las puertas principales es la del Perdón, del siglo XV y llamada así porque antiguamente hubo un tiempo en el que se concedían indulgencias a los penitentes que pasaban por ella. También destaca la torre gótica de influencia mudéjar, finalizada durante el siglo XV y que alcanza una altura de 92 metros. En el interior de la catedral se pueden encontrar numerosas capillas, destacando la Capilla Mayor, en las que están enterrados varios reyes desde la época visigoda. Además de las capillas habría que destacar el impresionante transparente de la catedral, obra del siglo XVIII realizada en mármol que aporta luz al sagrario situado a su espalda, donde esta luz proviene de los tragaluces situados en el ábside.

Puerta del Perdón

Puerta del Reloj

Detalle del reloj

La torre de la catedral

Merece la pena pasar un rato paseando por el interior de la catedral. En un día caluroso puede convertirse en un refugio más fresco que la asfixiante temperatura del exterior, y tiene numerosos elementos que admirar, como el transparente, la Capilla Mayor o el coro, además del resto de capillas, retablos, pinturas, etc.. También dispone de vidrieras, que decoran muy bien toda la estructura superior de la cateral. El exterior también es muy bonito, destacando su torre y las puertas de entrada, muy bien decoradas. Nosotros estuvimos un buen rato y nos quedamos varias cosas por ver, puesto que no recorrimos exhaustivamente todas las capillas, ni subimos a la torre, ni nos demoramos en exceso por el resto de sitios. Es una visita imprescindible si pasáis por Toledo, y es verdaderamente un edificio impresionante desde un punto de vista arquitectónico.

Interior de la catedral

La entrada al coro

Capilla

El transparente de la catedral de Toledo