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Hola a todos,

este blog se muda de plataforma. A partir de ahora, las entradas que publique lo harán en la siguiente dirección:

http://elmagoerrante.blogspot.com

Nos leemos allí, ¡un saludo!

 

Raist.

Perth, Escocia

Comienza por fin la serie de entradas sobre la pequeña ruta por Escocia que pude disfrutar el verano pasado. Fui a finales de junio, en un vuelo Madrid-Edimburgo. Nada más llegar al aeropuerto de la capital escocesa me subí a un autobús con el objetivo de llegar a la estación de tren de Waverley. Y es que Edimburgo sería la última ciudad que visitaría, porque mi idea, tal y como hice en el planning, era encaminarme al norte, hacia las Highlands. Y así, ya desde que aterricé y con el objetivo de ganar unos kilómetros, marché hacia Perth.

Vistas desde el tren camino de Perth

Perth se encuentra en un punto central en Escocia, ligeramente tendiendo al este y aproximadamente a una hora en tren desde Edimburgo. Es una ciudad de poco más de 40000 habitantes, y es conocida porque se encuentra al lado de Scone, el lugar donde se encontraba la Piedra del Destino y se coronaba a los reyes escoceses. El mayor auge de esta ciudad tuvo lugar durante la Alta Edad Media, durante la cual se consideraba la capital de facto del país. Esto fue así hasta el siglo XV, cuando el rey Jaime I de Escocia fue asesinado por un grupo de rebeldes mientras descansaba por la noche en la abadía de los dominicos, a las afueras de la ciudad. Después de esto, se decidió trasladar la corte a Edimburgo.

Hoy día la ciudad ya no tiene un peso tan importante, y no se encuentra entre las diez ciudades más habitadas del país. Sin embargo y como está en una ubicación bastante céntrica es un buen nudo ferroviario. Por ese mismo motivo a mi me venía de perlas para enlazar al día siguiente con otro tren para subir hasta Inverness, la capital de las Highlands, y tenía una mañana para aprovechar y ver lo que pudiera de Perth.

Pero una mañana es poco tiempo. Y no porque Perth realmente requiera mucho más, pero sí que me hubiera gustado acercarme hasta Scone, uno de los puntos históricos más importantes de Escocia. Sin embargo son unos 3 kilómetros hasta llegar a la villa (que no al palacio), y luego había que volver; mi tiempo era limitado y el que hacía esa mañana era frío y lluvioso, así que no era el más indicado para caminatas por el campo para ir de una ciudad a otra.

Pregunté en el B&B por la mejor opción para el rato que disponía, y me aconsejaron un paseo por la orilla del río. Y no fue una mala recomendación en absoluto, ya que hay un gran parque al lado, y allí ya pude empaparme de todo el verde escocés, de estar rodeado de árboles, césped, jardines y agua; porque también me empapé por la lluvia, claro está. Muy escocesa también. Siguiendo el paseo del río se llega a los puentes que conectan el centro de Perth con la zona de Bridgend (nombre original donde los haya), y también a algunas de las arterias principales de la ciudad, que tomé para visitar el centro.

Un rincón de Perth, junto al río

Grandes explanadas de verde

Uno de los puentes de la ciudad

Casas al otro lado del río

… y más verde

Gran parte de los edificios o puntos históricos ya no están en pie, y a pesar de que tiene un centro histórico muy británico y es agradable pasear por sus calles, en lo que a mi respecta no me pareció que destacase especialmente. Hay varios comercios, alguna que otra iglesia con sus torres puntiagudas y algún edificio aislado que sí da esa impresión de viejo, de salido de la Edad Media, que era lo que me hubiera gustado ver, pero poco más.

En vista del mal tiempo que estaba haciendo y que la ciudad tenía poco más que ofrecer, me encaminé al Museo Militar dedicado a la Black Watch, también conocida como el Regimiento Real de las Tierras Altas. Es un museo interesante con bastante información sobre este destacamento militar con gran tradición, y una buena opción para un día lluvioso como el que estaba haciendo. Y además suena muy parecido a la Night’s Watch, lo que es un plus…

St. Matthews’s Church of Scotland

St. John’s Kirk

Una calle del centro, al lado de St. John’s Kirk

Fair Maid’s House, el edificio civil más antiguo de Perth (1475)

Callejeando por Perth

Como el Museo Militar me pillaba al lado del B&B, volví para recoger la maleta y encaminarme a la estación de tren. Y como estaba cayendo un aguacero muy majo, la dueña del B&B se ofreció a llevarme en su coche a la estación, todo un detallazo. El B&B estaba además francamente bien y a un precio muy razonable, y desde luego, la atención fue inmejorable, aparte del detalle de acercarme a la estación.

Tras pagar el billete de tren para Inverness, me preparé para unas 2 horas y algo de viaje que me llevaría hasta la capital de las Highlands, de la que os hablaré en la siguiente entrada.

Palazzo Vecchio

Llegando hasta la fachada de la basílica de Santa Maria del Fiore y continuando a la derecha por la via dei Calzaiuoli, se llega a la Piazza della Signoria, en pleno corazón de la Florencia medieval. Y en ella se encuentra otro de los edificios emblemáticos de la ciudad, el Palazzo Vecchio. Lógicamente, su nombre original no era Palacio Viejo (hubiera sido gracioso), sino Palacio Nuevo y fue la residencia de Cosme I de Medici, que pertenecía a una de las familias más importantes de la época. Su construcción terminó a principios del siglo XIV, y en la actualidad se utiliza como museo, en el que se puede encontrar pinturas de Michelangelo, así como mapas y mobiliario de la época.

Al llegar a la plaza lo primero que destaca del palacio es su torre, de 95 metros de altura, puesto que el resto de la construcción es muy sobria, dando la impresión de fortaleza. Al parecer la torre sirvió como prisión, además de como puesto de vigilancia de los alrededores. A los pies del palacio se encontraba la escultura del David de Michelangelo, mientras que hoy día se puede ver una réplica. El palacio domina toda la plaza con su presencia, ya que aunque de aspecto sobrio es bastante espectacular cuando se compara con el resto de edificios.

El lema de Florencia: “Gente, gente everywhere”

La torre del Palazzo Vecchio

Al igual que con el resto de lugares no entramos al museo Palazzio Vecchio, puesto que hubiera supuesto dedicar algún par de horas a recorrerlo en condiciones. Pudimos ver la réplica de la estatua del David a la entrada, muy interesante, así como acceder al patio del palacio, donde ya se puede vislumbrar la majestuosidad de un edificio que por fuera no llamar particularmente la atención. Por dentro es otra cosa, las filigranas y detalles esculpidos en las columnas, las paredes ricamente decoradas con pinturas y la fuente y plantas le dan un toque de frescura al patio. Pasado este se llega a una zona más austera otra vez, donde se compran los billetes para el museo; por las fotos que he visto, parece bastante interesante, habrá que apuntarlo para una futura visita.

Ya os podéis imaginar también cómo estaban los alrededores de la Piazza della Signoria, con cafeterías y un movimiento constante de gente por todos lados. Sin embargo, si tenéis suerte y encontráis un hueco libre, es bastante agradable sentarse en la zona porticada con las réplicas de esculturas. Eso sí, no vayáis con comida, puesto que los guardas vigilan incansablemente para que nadie entre con un bocata o haga el tonto con las esculturas. Pero es un buen sitio para descansar un rato, mirar gran cantidad de arte condensado en unos cuantos cientos de metros cuadrados y prácticamente al aire libre, y observar el ir y venir de la gente, mientras algún músico toca algo en los alrededores.

Escultura de Perseo y Medusa, que según nos comentaron sí es original

Otro punto de interés, justo al lado del palacio (a la derecha de la entrada), es la Galeria Uffici (Galleria degli Uffizi), otro palacio-museo propiedad de los Medici y que ahora alberga su colección de obras de arte. El exterior del edificio está decorado por diversas esculturas de personalidades famosas de la historia de Italia, y da a un arco que desemboca en el río Arno, donde se pueden disfrutar de unas estupendas vistas de la otra orilla de la ciudad, y del Ponte Vecchio. Pero de este último os hablaré más adelante…🙂

Río Arno y vistas de Florencia

Un Paseo por Oporto (II)

Hoy quería compartir con vosotros algunas fotos más tomadas durante mis frecuentes paseos por Oporto. En esta ocasión el punto de partida es la estación de metro de Aliados. Esta avenida conecta el centro con la zona de Trindade, el nudo principal de la red de metros de Oporto.

Nada más salir de la boca del metro nos encontramos en mitad de la avenida. En la zona de Aliados se encuentra el edificio de la Cámara Municipal do Porto, donde destaca su torre, y a ambos lados de la avenida se pueden ver algunas fachadas cuyo estilo recuerda a otras que se pueden encontrar en ciudades como Madrid, aunque aquí en Oporto el estado de conservación de algunos de ellos es bastante peor.

Cámara Municipal do Porto

Avenida de los Aliados, desde la Cámara Municipal

Bajando por la avenida en dirección a la Ribeira, que es un paseo corto y agradable, llegaremos a una zona con numerosas cafeterías, terrazas y hoteles; esta zona es bastante turística y uno se cruza con numerosos turistas, aunque está menos masificada que la Ribeira y los precios son también algo más baratos. Aquí hay algunas cafeterías muy exitosas, como el Café Guarany, al que no he entrado porque para mi estándar de precios es caro, y el McDonalds; lo peculiar que tiene este último, es el edificio en el que se encuentra, cuyo interior han conservado bastante bien.

Llegando al final de la avenida, a la derecha se alza la Torre dos Clérigos, lugar del que os hablaré próximamente, mientras que a la izquierda se llega a la Via Catarina, zona de compras por excelencia. Para llegar a ambos sitios hay que escalar un poco por las empinadas calles de la ciudad. En cambio si seguimos al frente, con cuidado de que no os arrolle el tranvía, llegamos a la estación de São Bento.

Cámara Municipal y avenida de los Aliados, desde el otro extremo

Torre dos Clérigos, al fondo

Tranvía

Siguiendo las cuestas descendentes, acabaremos en la Ribeira. Es imposible no acabar ahí en un paseo por la ciudad, todas las calles te empujan con sus pendientes hasta llegar a la orilla del río. Pero si hacéis un esfuerzo y continuáis por otras calles que no vayan cuesta abajo, podréis callejear por algunos rincones con un encanto típico portugués, descubriendo un poco más del Oporto no tan turístico y más común, más local, que también merece la pena.

Conociendo la Ribeira, en Oporto

La Ribeira es uno de los barrios más conocidos y frecuentados de Oporto. Tal y como el nombre indica, es la zona situada a orillas del río Duero, de gran peso en la ciudad. Gran parte de las empinadas cuestas por el centro acaban desembocando en esta zona, siempre bajando, buscando el río.

El barrio nos muestra las dos caras de Portugal, es un barrio de contrastes: por un lado, casas abandonadas, entradas tapiadas, cristales rotos… Pero por otro, el encanto del barrio es innegable: casas con las fachadas de colores, los puentes sobre el río, las bodegas iluminadas en la orilla contraria (Vilanova de Gaia), las innumerables terrazas para tomar algo…

Eso sí, hay que estar dispuesto a pagar el impuesto turista, y es que comer y tomar algo en esta zona, como uno puede esperar, es considerablemente más caro que en el resto de la ciudad: los precios habituales se pueden ver duplicados tranquilamente. Pero tampoco hay que asustarse demasiado, tomar un café puede salir por un euro y pico y una cerveza por dos euros y algo, considerablemente más caro que en el resto de la ciudad, pero sigue siendo “asumible”, aunque duela saber que estás pagando más por lo mismo. Este lugar también es el punto de partida de los numerosos tours por el río, que se pueden contratar en las oficinas de turismo.

Bajando hasta la Ribiera

Terrazas

Uno de los muchos barcos para tours por el río

¡A qué velocidad irán por estas calles!

Teleférico sobre Vilanova de Gaia

A pesar de todo, creo que merece la pena pasar al menos una vez por el aro para disfrutar de un café o una cerveza en una terraza a escasos metros del río, o comiendo algún plato típico portugués en uno de los restaurantes, tanto en los que están en primera línea, como los que hay en las callejuelas. Ya que la Ribeira no es solo la orilla del río, las callejuelas paralelas tienen un gran encanto y merecen ser recorridas en un tranquilo paseo, y pueden ser también una buena opción para cenar, ya que aunque hay algunos restaurante muy caros, también se pueden encontrar otros que no provocarán un agujero en nuestra cartera. ¡Si visitáis Oporto, no olvidéis pasear por este barrio y tomar algo a la orilla del Duero!

Callejuelas

Balcones de la Ribeira

La noche sobre Oporto, a la orilla del Duero

Córdoba

Este año he podido saldar al fin una de mis deudas pendientes con Andalucía: Córdoba, una de las ciudades más importantes de la historia de España y en general, del mundo, especialmente durante la época de dominio árabe de la península. Otra de mis grandes deudas es con Granada, deuda que espero saldar durante 2013 con un poco de suerte.

La fundación de Córdoba se remonta al Imperio Romano (aunque existían asentamientos previos), siendo la capital de la Baetica y época durante la cual se considera que nació Séneca; posteriormente fue conquistada por los árabes, surgiendo el Emirato de Córdoba, que degeneró luego en el Califato de Córdoba, y en la que la población llegó a alcanzar entre 400 mil habitantes o incluso un millón, según las fuentes. Lo que sí parece claro es que durante el siglo X, Córdoba era una de las ciudades más grandes e importantes del mundo, siendo un centro cultural y religioso importantísimo. En el siglo XIII fue reconquistada por Fernando III, y se siguieron acometiendo más construcciones y reformas, como la del Alcázar, que sirvió de corte y centro de operaciones de los Reyes Católicos durante la reconquista de Granada.

Puente romano sobre el Guadalquivir

Muralla en el casco antiguo

Descansando

Las paredes hablan

Una ciudad con peso en la historia, vaya. Una ciudad imprescindible, Patrimonio de la Humanidad, y que debería estar en cualquier visita planificada por el centro-sur de España. Yo acudí en agosto, como un valiente. Fui desde Badajoz, así que el calor no me asustaba (tanto); realmente no me gusta pasar calor, pero estoy acostumbrado de alguna manera después de 25 años viviendo en un horno. Córdoba en esa época es como estar en una sartén al fuego, como os podéis imaginar, aunque tuve una suerte relativa y no hizo tanto calor como era de esperar por la época. Pero era visitarla en ese momento o ya tendría que esperar al 2013.

El hostal lo tenía a pie de mezquita. Una ubicación inmejorable en relación al centro y a un precio fantástico, 40€ la noche para un cuarto completo, en muy buenas condiciones y cuya ventana daba a un pequeño patio con plantas. Buen punto de partida para iniciar las rutas por la ciudad, ya que era salir por la puerta y darme de bruces con el muro de la mezquita. Literalmente.

El parquecillo de la mezquita

Y el maravilloso interior, con sus arcos y columnas

Jardines del Alcázar

Las caballerizas

Lo primero que se me viene a la mente al recordar Córdoba (aparte de la mezquita) son las callejuelas, esas calles blancas salpicadas de tiendas y macetas, el goteo incesante de turistas, especialmente alrededor de la mezquita, y de las vendedoras de romero. El único momento de tranquilidad es a las 9 de la mañana, cuando parece que la ciudad se está despertando todavía. La recuerdo también como una ciudad deslumbrante bajo el sol, llena de luz pero también de rincones más tranquilos y frescos bajo las sombras de los árboles, el zoco o entre sus callejones.

Lo mejor de Córdoba es pasear por su extenso casco histórico. Recorrer sus callejuelas y descubrir los patios andaluces, dando la impresión de que uno está en un pueblo, solo que muy grande; encontrarse con la sinagoga o la casa andalusí, parar un rato en uno de los innumerables bares de tapas, y descubrir rincones especiales, como la calleja de las Flores, desde donde se obtiene una vista fantástica de la torre de entrada de la mezquita. Si os dejan los turistas claro, yo tuve esa gran suerte de disfrutar de la callejuela y su pequeña plaza durante unos segundos para mi solo. Todo un lujo.

Paseando…

Personas descansando un rato en la sinagoga…

…y otras obteniendo un recuerdo en el zoco

Calleja de las Flores

Pero luego no hay que olvidar las grandes atracciones: la mezquita, el alcázar o los baños califales, son unas visitas muy gratificantes y disfrutables, especialmente las dos primeras, lugares a los que dedicaré su correspondiente entrada. Y qué decir de su gastronomía. Se come de lujo, ya sea de raciones en un bar, atacando un gigantesco flamenquín o degustando comidas de las distintas culturas que convivieron allí. Córdoba en definitiva, es una ciudad que me ha encantado, y que desde luego recomiendo a todo el mundo. Yo no sé cómo he tardado tanto en ir…, pero desde luego es un lugar al que no me importaría volver.

Basílica de Santa Maria del Fiore

Después de pasar fugazmente por la iglesia de Santa Maria Novella, continuamos por la via dei Branchi en dirección a uno de los lugares más importantes de Florencia: la basílica de Santa Maria del Fiore. Comenzó a construirse a finales del siglo XIII, en pleno apogeo de la ciudad, con gran presencia en el mundo en aquel momento. Para ello se escogió la ubicación de otro templo, que estaba en un estado muy precario, y el poder económico de la ciudad y las ganas de superar a las ciudades vecinas Pisa y Siena hicieron el resto. Cuando se construyó pasó a ser la mayor catedral de Europa, aunque actualmente está en el quinto lugar.

Se podría hablar largo y tendido sobre esta basílica y el conjunto en el que se enmarca en la Piazza del Duomo desde un punto de vista artístico: de la impresionante cúpula de Brunelleschi, que se eleva hasta casi 115 metros, que contiene más de 4 millones de ladrillos y a la que se puede subir por 8€; de su fachada, de un mármol resplandeciente en tres colores (blanco, verde y rosado) donde se encuentran además numerosos detalles arquitectónicos que merecerían pararse en detalle, como los rosetones o esculturas; del baptisterio de san Juan y sus Puertas del Paraíso (aunque las que se vean sean una réplica); o del elegante campanario que se alza sobre la ciudad. Pero esa es una titánica tarea que se escapa de los objetivos (y habilidades) de este blog.

Baste decir que el conjunto arquitectónico que se aprecia en la Piazza del Duomo es impresionante, una de esas obras de arquitectura de la humanidad que merece la pena ser preservada a través de los siglos. Y eso es algo que la gente aprecia, desde todas las partes del mundo. Oleadas de personas andan por la plaza, que es un hervidero de gente entrando y saliendo de la basílica, tomando fotos, apostándose delante de las puertas del baptisterio, comprando regalos en los puestos que hay en la plaza…

Es una pena no poder disfrutar con un poco más de tranquilidad en este lugar tan imprescindible de Florencia, pero es inevitable, el precio a pagar. La pena (egoístamente hablando) es que muchas veces esto dificulta buscar un buen rincón para sacar fotos o pararse un rato, ya que los pequeños empujones son frecuentes, lo que resulta algo agobiante. Y lamentablemente, tampoco tuve ocasión de entrar. Como conté anteriormente, mi visita a Florencia fue relámpago, así que teníamos muchas cosas que ver y muy poco tiempo, así que no pudimos parar con tranquilidad.

Aunque en la plaza destacan de manera especial la basílica, el baptisterio y el campanario, existen varios palacios y edificios que también merecen un rato de nuestra atención. Y seguro que también merece una visita el Museo dell’Opera di Santa Maria del Fiore, donde se exponen varios de los objetos originales de la catedral y baptisterio, y que también tengo apuntado para otra ocasión que visite Florencia con más calma. En definitiva, la Piazza del Duomo de Florencia es un enclave imprescindible en cualquier visita a la capital toscana, en la que uno puede dedicar varias horas para conocer muchos de los rincones y edificios emblemáticos allí ubicados.

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